jueves, abril 18, 2024

Un rape entre compresas y un jurel en un vaso de yogurt

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El pesquero Bona Mar 2 huele a primera hora de la mañana a hígado de cordero frito y cebolla. Es el desayuno que prepara Ousmane Tehior, de 49 años, lobo de mar que ya pescaba siendo un niño a bordo de su cayuco en Senegal.

La oscuridad aún envuelve el puerto de Barcelona y en el puente de mando, Carlos Martín, patrón del barco, ilumina con el móvil el último tesoro extraído del fondo del mar: la chapa de un Seat 750, una versión de hace sesenta años del mítico 600. Martín también guarda en casa un calendario de 1956 traído por las corrientes.

El mar devuelve al ser humano sus desechos, incluso los de hace siglos, como el ánfora rota que llevan en el Bona Mar 2. Pero la mayoría de estos objetos no son tan especiales: la mayoría es basura.

El área metropolitana de Barcelona es la segunda en verter más plástico en el Mediterráneo, según un informe de 2019 de la organización ecologista WWF. Solo la supera la costa de Cilicia, en Turquía. Investigadores del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) concluyeron en otro informe que entre Barcelona y Vilanova y la Geltrú, un 38% de lo que capturan los barcos de pesca es basura. También analizaron el índice de residuos en el delta del Ebro: solo un 5% eran desechos. Martín y el armador del Bona Mar 2, Lluís Talló, no creen que este 38% sea correcto: aseguran que es mucho menos.

Fuente EL PAÍS

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