sábado, febrero 4, 2023

El dióxido de carbono en la atmósfera sigue marcando récords pese al confinamiento

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Las medidas de confinamiento en el mundo para evitar el avance de la pandemia de la Covid-19 pueden suponer una “reducción temporal de las emisiones de gases de efecto invernadero”, pero no deben sustituir “la acción climática continuada”, ha advertido la Organización Meteorológica Mundial (OMM) este miércoles. Coincidiendo con el Día de la Tierra, que este año cumple medio siglo, este organismo vinculado a la ONU ha difundido un informe sobre los datos climáticos del periodo comprendido entre 2015 y 2019 en el que se apunta a que “todos los indicadores” están mostrando una “aceleración del cambio climático en los últimos cinco años”. “El clima extremo ha aumentado y no desaparecerá debido al coronavirus”, ha alertado a través de un comunicado Petteri Taalas, secretario general de la OMM.

Aunque se están dando reducciones de las emisiones de efecto invernadero por el frenazo de la economía, la concentración en la atmósfera del principal de estos gases —el dióxido de carbono (CO2)― ha seguido aumentando durante este año, según los datos difundidos por la OMM. “Las concentraciones atmosféricas de CO2 en el observatorio Mauna Loa, en Hawai, siguen en niveles récord en lo que va del año”, ha señalado la organización. Este observatorio es el de referencia en el mundo por tener la serie histórica de mediciones directas más antigua (arranca en 1958). Pero además hay una serie de estaciones repartidas por el mundo que también están mostrando que los niveles en la atmósfera de dióxido de carbono no se reducen.

Uno de esos observatorios citados por la Organización Meteorológica Mundial es el de Izaña, en Tenerife. Su director, Emilio Cuevas, confirma que esa concentración de dióxido de carbono —que ellos monitorizan desde los años ochenta― sigue aumentando pese al confinamiento. Pero, ¿cómo es posible? “Muchas veces se confunde contaminación con gases de efecto invernadero”, apunta Cuevas. “Aunque en París, Madrid y Barcelona se aprecie una mejora de la calidad del aire tremenda [es decir, una reducción de la contaminación], eso no ocurre con los gases de efecto invernadero”, añade.

Por ejemplo, en el caso de la calidad del aire, en las 80 ciudades más grandes de España los niveles de dióxido de nitrógeno —un contaminante vinculado principalmente al tráfico que afecta a la salud de los seres humanos— se redujeron un 51% durante las tres primeras semanas de confinamiento respecto a las mismas tres semanas de 2019, según un análisis de EL PAÍS. Sin embargo, en el caso de los gases de efecto invernadero, un estudio de Goldman Sachs apunta a que este año se cerrará con una caída del 5,4% de las emisiones de dióxido de carbono —que calienta el planeta pero no es un contaminante— relacionadas con la energía, que suponen dos tercios del total de lo expulsado por el hombre. Es una caída histórica, pero no suficiente para que se puedan frenar las concentraciones en la atmósfera.

“Son reducciones muy pequeñas, no ocurren en todo el planeta y se producen en periodos cortos”, señala Cuevas. “Globalmente, la bajada de emisiones no ha sido tan grande como se puede imaginar. Lo que sí ha caído mucho es el nivel del tráfico, pero seguimos calentando nuestras casas, muchas industrias siguen trabajando…”, abunda Carlo Buontempo, director del Servicio de Cambio Climático de Copernicus, el programa de observación de la Tierra de la Comisión Europea.

Además, no existe una relación lineal entre las emisiones y la concentración en la atmósfera. Según el IPCC —el grupo de expertos en cambio climático de la ONU—, alrededor de un 50% de las emisiones directas de dióxido de carbono relacionadas con la actividad del ser humano acaban acumuladas en la atmósfera. El resto se reparte a parte iguales entre lo que absorben los océanos y lo que queda retenido en la vegetación. Buontempo apunta además a que hay “fenómenos” independientes “de las emisiones directas y que son consecuencia de que la temperatura ha subido”. Se refiere, por ejemplo, al deshielo de turberas en regiones árticas que hace que se liberen grandes cantidades del carbono que almacenan estas capas.

Por eso la OMM y los especialistas insisten en que para frenar el cambio climático hace falta mucho más que las reducciones puntuales que ha causado la pandemia. “Tenemos que aplanar tanto la curva de la pandemia como la del cambio climático”, ha afirmado Taalas. El problema es que la curva de la concentración de dióxido de carbono está lejos de aplanarse. “Al contrario, la concentración crece a un mayor ritmo”, advierte Cuevas.

Fuente EL PAÍS

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